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La capacidad de seguir el ritmo es una forma de interacción humana

Los científicos sospechan que, en el caso de nuestra especie, las habilidades musicales y rítmicas evolucionaron para fortalecer lazos sociales, como un medio de coordinación e interacción. Diversos estudios con animales sugieren que, con la gran mayoría de estos, no sucedió lo mismo. Aunque hay sorprendentes excepciones, como han demostrado diversos estudios con bonobos. Por Marta Lorenzo.

 

En 1837, Charles Darwin, recién llegado de su viaje en el HMS Beagle, fue al zoológico de Londres para ver su primer gran simio, una orangután llamada Jenny, y allí se puso a tocar la armónica para ella.

El animal no reaccionó a esta interpretación, pero cuando Darwin le entregó el instrumento, Jenny se lo llevó a la boca. Nada ocurrió, pero Darwin, fascinado, dedicó 10 páginas en su obra El origen del hombrea la música y la evolución. Podría achacarse la actitud de Jenny a mera imitación, pero el ejemplo sirve para cuestionarse si los animales tienen o no alguna capacidad musical.

Capacidad para ‘seguir el ritmo’

El investigador Edward Large, de la Universidad  de Connecticut (EEUU) estudia esta cuestión, informa esta semana Newscientist. Large está especializado en el análisis de sistemas dinámicos y, más específicamente, en las dinámicas temporales del comportamiento. Así defiende, por ejemplo, que la atención es dinámica e, inherentemente, un proceso rítmico.

En cuanto a otra característica del comportamiento, el proceso dinámico de la comunicación animal, el enfoque de análisis de los sistemas dinámicos está permitiendo estudiar factores determinantes sobre dicha comunicación, y arrojando evidencias de que muchas de las características del comportamiento comunicativo de diversas especies están influidas por el tiempo. También ha abierto la siguiente cuestión: hay animales capaces de sincronizarse con un ritmo externo.

Tal y como explicaba Large el pasado mes de febrero en un encuentro de la American Association for the Advancement of Science, celebrado en Chicago, esta capacidad no está generalizada en el reino animal, pero sí en algunas especies. De hechos, diversos estudios han demostrado que algunos animales pueden sentir y responder a un ritmo musical, y moverse en sintonía con la música.

Large y su equipo experimentaron en este sentido con un bonobo (Pan paniscus). En su estudio, un individuo humano realizó una serie de pruebas con un metrónomo que produjo señales regulares de entre 160 y 280 pulsos por minuto, delante del animal.

Los resultados señalaron que este bonobo prefería el tiempo más rápido (aproximadamente de 230 pulsos por minuto), que jugaba más despacio cuando el metrónomo iba más lento, y que era capaz de sincronizar el tiempo del estímulo sonoro con el de su interacción social.

Hace unos años, otra investigadora, Patricia Gray, de la Universidad de Carolina del Norte en  Greensboro, trabajó también con un grupo bonobos. Uno de estos, llamado Kanzi, se había hecho famoso por su capacidad para responder a las lenguas. Gray afirmó que estaba golpeando rítmicamente el cristal de la jaula de Kanzi cuando el bonobo se puso a repetir los golpes, como para responderle. Y que cuando Gray cambió el ritmo de sus golpes, Kanzi también lo hizo.

 

Sincronización humana

A tenor de esto resultados, no hay que olvidar que los bonobos son parientes cercanos de los humanos, y que con ellos compartimos el 98% de los genes. Pero, ¿qué sucede con otras especies?

Hay algunos casos sorprendentes. Por ejemplo, el investigador Peter Cook trabajó hace unos años en la Univesidad de California en Santa Cruz con un león marino que fue entrenado para mover su cabeza al ritmo de la música y que era capaz incluso de reaccionar a tiempos musicales que nunca antes había escuchado. También está el caso de la cacatúa Snowball, capaz de seguir el ritmo de la música. Pero estas son excepciones.

Los científicos sospechan que, en el caso de nuestra especie, las habilidades musicales y rítmicas evolucionaron para fortalecer lazos sociales, como un medio de coordinación e interacción.  Según Large, los niños se sincronizan con el ritmo eventualmente como parte de un proceso de socialización, de la capacidad de interactuar con otros. Esto podría explicar el origen evolutivo de dicha capacidad.

 

Jueves, 18 de Diciembre 2014
Marta Lorenzo
http://www.tendencias21.net/La-capacidad-de-seguir-el-ritmo-es-una-forma-de-interaccion-humana_a39216.html
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7 Razones por las que deberíamos estar dando más abrazos

Admítelo: Nada te reconforta más que un abrazo afectuoso.  Bien envuelto en los brazos de tu pareja o saludando a un amigo, los abrazos nos hacen sentir cálidos por dentro.  Pero además de hacernos sentir protegidos y queridos, este gesto de contacto puede hacer maravillas para nuestro bienestar.  Así que, sea un simple apretón, un abrazo de oso o delicado, hay muchas razones por las que deberíamos integrar este gesto en nuestra vida cotidiana.

Nos hacen sentir bien.

Un acto tan simple como abrazar, no se siente solo en nuestros brazos.  Cuando acogemos a alguien, liberamos oxitocina (“la hormona del amor”), estimulando una sensación de calidez en nuestro interior.  La química también está relacionada con nuestra capacidad para vincularnos con otros. “La oxitocina es un neuropéptido que promueve sentimientos de entrega, confianza y vinculación”, según el psicólogo Matt Hertenstein de la Universidad DePauw.  “Establece la base y estructura biológicas para conectar con otras personas.

Más abrazos = menor presión sanguínea.

Las hormonas que se liberan en el cuerpo después de un abrazo no solo favorecen sentimientos de felicidad, también pueden ayudar a tu salud física.   Cuando alguien te toca, la sensación en la piel activa unos receptores de presión llamados corpúsculos de Pacini, que envían señales al nervio vago, conectado a un área del cerebro que es responsable, entre otras cosas, de disminuir la presión sanguínea.

Pueden aliviar nuestros miedos.

En un estudio sobre miedos y autoestima, una investigación publicada en la revista Psychological Science, reveló que los abrazos y el contacto reducen significativamente la preocupación sobre la muerte.  El estudió encontró que abrazar, incluso si se trataba de un objeto inanimado como un oso de peluche, ayuda a calmar los miedos existenciales de los individuos.  Incluso momentos de contacto interpersonal fugaces y aparentemente triviales, pueden ayudar a la gente a manejar de manera más efectiva sus preocupaciones existenciales.

Puede ser bueno para nuestros corazones.

Abrazar a alguien puede hacer aflorar una sensación de calidez en tu corazón, y de acuerdo con un estudio, también puede ser una buena medicina para él.  En un estudio de la Universidad de Carolina del Norte, los participantes que no tuvieron ningún contacto con sus compañeros, registraron un ritmo cardiaco de 10 pulsaciones por minuto más rápido, que aquellos que pudieron abrazar a sus compañeros durante el experimento.

Los adultos son los que más se pueden beneficiar de los abrazos.

De acuerdo con lo investigadores de la Universidad Ohio State, los abrazos y el contacto físico es cada vez más importante con la edad.  “Mientras mayor eres, te vuelves más frágil físicamente, con lo que el contacto se convierte el algo cada vez más importante para una buena salud”, según lo que la psicóloga universitaria Janice Kiecolt-Glaser, afirmó a USA TODAY.  Estudios han mostrado que la soledad, particularmente con la edad, también pueden incrementar el estrés y tener efectos adversos sobre la salud.  Instantáneamente, la abrazar a alguien, nos sentimos más cercanos a esa persona y disminuyen los sentimientos de soledad.

Los abrazos son un liberador natural de estrés.

¿Te sientes encadenado?  Ve y dale a alguien un achuchón.  Cuando abrazamos, reducimos inmediatamente la cantidad de cortisol (“hormona del estrés”) que produce el cuerpo.  También se liberan tensiones y envían mensajes de calma al cerebro.

Los bebés abrazados adecuadamente, serán adultos menos estresados.

¿Quieres hacer algo por las generaciones futuras?  Abrázalos mientras son todavía pequeños.  Un estudio en ratas de la Universidad Emory encontró una relación entre el contacto físico y la liberación de estrés, especialmente, en las etapas iniciales de la vida.  La investigación concluyó que lo mismo se puede decir de los humanos, citando que  el desarrollo de los bebés, incluyendo como manejan el estrés en la etapa adulta, depende de una combinación entre naturaleza y educación.

Lindsay Holmes

The Huffington Post

http://www.huffingtonpost.com/2014/03/27/health-benefits-of-huggin_n_5008616.html

Traducción libre: Ángel Gil

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Recomendaciones para disfrutar e integrar una sesión de Biodanza

Tanto si es la primera vez que vas a practicar Biodanza como si llevas ya tiempo haciéndolo, hay una serie de observaciones que, si las tienes en cuenta,  pueden facilitar que la sesión te sea más placentera e integradora.  Muchas de ellas son comunes a otras actividades con movimiento y baile.

Llevar ropa cómoda, tipo deportiva y con varias capas.  En los momentos que tengas más calor o frío, podrás ponértelas o quitártelas.  Es mejor no traer pulseras, relojes, anillos grandes, etc.  O quitártelos para la práctica, evitando roces o enganches.  Si usas gafas, y ya conoces la dinámica de una sesión de Biodanza, puedes probar a no usarlas en algunos momentos, para estar más cómodo/-a, o simplemente por experimentar. Ir sin calzado, porque agarra más el suelo y para tener un contacto más directo con él.  También puedes llevar calcetines; mejor si son antideslizantes.  Procura no venir recién comido/-a o con hambre.  Algo ligero un rato antes de empezar, viene bien.

Prestar atención a la respiración y escuchar la música.  La respiración te mantiene en contacto con tu cuerpo y ayuda a regularte.  La música es la guía para el movimiento, tu inspiración principal.  No se puede hablar durante una sesión de Biodanza.  Puedes reír, llorar, gritar, etc.  Así se favorece una expresión y comunicación alternativas a nuestro día a día y más integración de las experiencias.  Estar relajados es fundamental para disfrutar.  Mira, por ejemplo, que no tengas encogidos los hombros, apretada la boca, etc.

Entiende la sesión como una sola unidad, y no como una sucesión de ejercicios separados unos de otros.  En el paso entre una música a otra o, durante las indicaciones del facilitador, trata de seguir presente con las sensaciones de tu cuerpo, tu respiración y, si estás con otra persona, atenta también a ella.  El facilitador, aunque a veces también participa en la experiencia, debe pasar desapercibido, por ejemplo, puedes escuchar sus indicaciones, sin necesidad de mirarlo, para favorecer tu presencia en la respiración y con otras personas.  Evitar que cualquier pensamiento o imagen se pare en tu cabeza.  La Biodanza es una práctica física, no hay que pensar, imaginar o interpretar nada, solo moverte como sientas, con la ayuda de la música y las indicaciones del facilitador.

Después de la Biodanza, lo mejor es ¡descansar!  Trata de poner un poco silencio y tranquilidad, quizás un baño o ducha caliente, y una pequeña siesta o directamente dormir si es de noche.  Evitar estímulos muy fuertes justo después de una sesión, como ver una película de cine, entrar en discusiones o ponerte a trabajar rápidamente.  Aunque el movimiento físico y exterior ya haya terminado, el movimiento interior y emocional continua.  Un estado de calma favorece la integración de las experiencias vividas.

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Biodanza y la danza emocional de nuestro cerebro

El nivel de éxitos y felicidad del ser humano depende mucho de nuestra capacidad de desarrollo de nuestra inteligencia emocional. La biodanza es un sistema de integración socioemocional que nos ayuda a cambiar y reescribir nuestra historia emocional para transformar nuestra vida en aquello que deseamos.

Sabemos, que cuando danzamos, nuestro cuerpo se mueve, pero no todos experimentamos que con el movimiento, también danzan las emociones. Ellas son el principal motor que nos mueve a la acción, sin la motivación que nos proporcionan, nos costaría mucho levantaríamos de la cama cada mañana y hacer la mayoría de las cosas que llenan nuestra vida de sentido y felicidad.

Creo que todos hemos experimentado la diferencia que existe entre la acción que nace la emoción, y la que nace de la obligación o el pensamiento. Desde la primera, el viaje es menos costoso y ligero, como si fuéramos movidos por una fuerza invisible que nos empuja. Pero es conveniente mantener siempre entrenado el “músculo de la voluntad” para que nuestra vida no se pare cuando nos falten emociones que nos movilicen para actuar.

A través de las distintas líneas de vivencia; vitalidad, creatividad, afectividad, sexualidad y trascendencia, la biodanza nos ayuda a equilibrar y armonizar nuestras emociones y potencia especialmente las que nos dan un impulso positivo hacia la vida. Pero también trabaja con categorías del movimiento que precisan de control voluntario y refuerzan las vías sensoriales y motoras del cerebro, desarrollando más destreza, expresión y sensibilidad corporal.

La riqueza de nuestro repertorio emocional es inmensa comparada con el cerebro primitivo que carece de control de emociones, y que se llama también reptiliano, porque apareció en los reptiles por primera vez. Con los mamíferos aparece el sistema límbico, también llamado cerebro emocional, que incluye a la Amígdala, el centro de las emociones básicas de supervivencia, como el miedo. Es un detector rápido e hipersensible, que ante cualquier estímulo que sea detectado como posible situación de peligro, dispara rápidamente la respuesta de “lucha o fuga”. En el ser humano existe una región del cerebro, la corteza pre-frontal, que se encarga de hacer una evaluación más detallada de la situación y controla la respuesta de la amígdala.

Todos nuestros recuerdos negativos de los primeros años de vida, quedan grabados a fuego en nuestra amígdala, y se convierten en respuestas automáticas e involuntarias ante pequeños estímulos que relaciona con estas experiencias grabadas. Como la corteza pensante tiene una respuesta más lenta que la amígdala, porque tarde más tiempo en evaluar la situación real, muchas veces la amigdala dispara la respuesta adrenérgica de “lucha o fuga” ante situaciones no justificadas. Esto es lo que llamamos “rapto o secuestro emocional”, donde el miedo se apodera de nosotros sin permitirnos reaccionar de una forma lógica o racional. Por eso solemos decir que antes de reaccionar ante una situación, respiremos profundo, porque ese tiempo es suficiente para que la corteza evalúe la situación y nos permita dar una respuesta más adecuada a la situación.

Antonio Damasio, uno de los Neurocientíficos más importante de la actualidad, publicó en el 2010, el libro “Y el cerebro creó al hombre”, donde explica que las emociones aparecieron evolutivamente antes que la mente pensante y postula que “las emociones crearon el cerebro”. Lo que está ampliamente demostrado, es que el aprendizaje y la memoria, dependen totalmente de nuestro estado emocional. Cuando estamos emocionalmente alterados, nuestro cerebro deja de funcionar adecuadamente y no podemos pensar ni recordar.

Las vías de comunicación entre nuestros dos cerebros (límbico y neo-cortex) se crean principalmente durante el desarrollo uterino y en los primeros meses de vida. Por eso, ese periodo es crítico para garantizarnos una buena capacidad de aprendizaje y salud emocional. Las vivencias que generan estas conexiones, es lo que Rolando Toro, el creador de la Biodanza, llamó “protovivencias”.

El ejemplo siguiente nos servirá para entender cómo se graban y modifican los mensajes en el cerebro. Los bebes utilizan el llanto como lenguaje para expresar sus necesidades. Si su llamada no es atendida una y otra vez, la amígdala generará una respuesta de stress que no permite una buena conexión entre el sistema límbico y la corteza pre-frontal. Se quedará grabado un menaje automático de que expresar sus necesidades y emociones, no sirve para nada, y aprenderá a esconderlas y a responder de forma automática e inadecuada a cualquier situación que tenga algún elemento del recuerdo grabado. Esta vivencia repetida se almádena en el cerebro, dejando una huella neuronal tan fuerte, que condicionará sus respuestas a lo largo de toda la vida, si esa huella no es borrada o sustituida por otra. Para borrar las fuertes huellas emocionales negativas que se grabaron con un lenguaje gestual y emocional, es mejor utilizar el mismo lenguaje que las generó.

Este es el motivo por el que la biodanza utiliza una metodología vivencial y un lenguaje gestual y emocional, donde la repetición de las nuevas vivencias mediante la asistencia regular dentro del mismo grupo, es fundamental para que los cambios se produzcan y se estabilicen. Un ambiente enriquecido de ecofactores positivos, ejercicios precisos con músicas adecuadas, y el continente afectivo del grupo, hacen posible que los participantes empiezan a cambiar sus vivencias negativas por otras de aceptación, respeto, valoración, reconocimiento, unión, afecto, alegría y validación de la expresión, entre otros muchas.

Desde que las investigaciones sobre neurociencia descubrieron la plasticidad neuronal (la capacidad que tiene el cerebro de seguir creciendo y desarrollándose a lo largo de toda la vida), ya no tiene sentido culpar a nuestro pasado de todos los problemas actuales. Ya que podemos cambiar las carreteras de comunicación entre nuestros dos cerebros, por otras más transitables, que nos permitan responder a lo que nos pasa, en vez de reaccionar inconscientemente con patrones involuntarios del “niño herido”, que no se adaptan a las nuevas realidades que estamos viviendo.

Cuanto más aprendamos a leer los gestos que van asociados a las distintas emociones, más preparados estaremos para interpretarlos y reconocerlos en los bebes y en todas las personas que nos rodean. La inteligencia emocional puede entrenarse y mejorarse con la práctica repetida, y de todos los tipos de inteligencia, es la que más garantiza el éxito personal y profesional. ¡Sin duda es algo en lo que vale la pena invertir!

Aunque vivimos en una sociedad muy relacional, donde el contacto con los otros es permanente, la cultura no favorece la expresión de las emociones primarias, es más, las reprime. Por eso, desde nuestra infancia y de forma inconsciente, aprendemos a sustituirlas por otras emociones, culturalmente más aceptadas, que se llaman “adaptativas”. Esto va desvinculando cada día más nuestras emociones de nuestros actos, creando disociaciones que se manifiestan en nuestro cuerpo, mediante corazas o anillos de tensión, que Wilhelm Reich llamó corazas caracterológicas. Rolando Toro, creo toda una serie de ejercicios, llamados segmentarios, que actúan disolviendo lentamente esas corazas, restableciendo la integración perdida, entre acción, pensamiento y emoción.

Si la sociedad y la cultura no propician el desarrollo de nuestra inteligencia emocional, tendremos que buscar otros medios para ejercitarla. La biodanza es un sistema que sacude el árbol de las emociones de una forma progresiva, a través de músicas y danzas específicas, donde el grupo y el facilitador aportan el continente afectivo que ayudan a que las nuevas experiencias emocionales se traduzcan en cambios neuronales. Eso es posible, porque la forma en la que accedemos a ellas, es a través del mismo lenguaje que el de nuestra infancia, movimiento y gestos emocionales verdaderos y sentidos. Del mismo modo que la lluvia por fuerte que caiga, no nos cala si estamos totalmente impermeables, la Biodanza no nos transforma por el mero hecho de hacer las danzas; hay que vivenciarlas (sentirlas y expresarlas). En más de diez años facilitando y formando en biodanza, no he conocido a nadie que haya danzado de forma regular, como mínimo 3 meses, y no haya mejorado su vida.

Tu decides si quieres seguir reaccionando y culpando a otros de lo que te pasa, o limpias y reescribes tu historia emocional, y te proyectas hacia un futuro mejor.

Pilar Peña
Facilitadora y Didacta de Biodanza
Doctora en Biología Molecular
www.pilarbiodanza.com